lunes, 10 de marzo de 2014

Sin Cambios

Mahamudra trasciende las palabras y símbolos,
pero para ti, Naropa, he decir esto:
“El vacío no necesita apoyo;
Mahamudra descansa en la nada.
Sin hacer ningún esfuerzo;
permaneciendo relajado y natural
puede uno romper el yugo
y obtener de esta manera la Liberación.

Si ves el vacío cuando contemplas el espacio;
si con la mente observas la mente,
destruyes las distinciones
y alcanzas el estado de Buda.

Las nubes que vagan por el cielo no tienen raíces, ni hogar,
ni tampoco los diversos pensamientos que flotan en la mente.
Una vez contemplas la propia mente,
cesa la discriminación.

En el espacio se forman figuras y colores,
pero ni el negro ni el blanco tiñen el espacio.
Todo emerge de la propia mente;
la mente no es manchada ni por virtudes ni por vicios.

La oscuridad de siglos no puede ocultar el brillante sol,
ni tampoco los largos kalpas del samsara
pueden ocultar la esplendorosa luz de la mente.

Aunque se utilizan palabras para explicar el Vacío,
el Vacío como tal no puede ser nunca expresado.
Aunque decimos: `La mente es tan brillante como la luz´,
ésta trasciende palabras y símbolos.
Aunque la mente es en esencia vacío,
contiene y abarca todas las cosas.

No hagas nada con el cuerpo; sólo relájalo..
Cierra la boca firmemente y guarda silencio.
Vacía tu mente y céntrate en el vacío.
Como un bambú hueco relaja tu cuerpo.
Sin dar ni tomar, pon tu mente a descansar.
Mahamudra es como una mente que a nada se apega.
Practicando así, a su tiempo alcanzarás el estado de Buda.

Ni la práctica de mantras ni el paramita,
ni la instrucción en sutras y preceptos,
ni las enseñanzas de escuelas y escrituras,
proporcionan la realización de la Verdad innata.
Si la mente llena de deseo busca una meta,
solamente logra ocultar la Luz.

viernes, 16 de noviembre de 2012

La práctica cotidiana del Dzogchen


Dilgo Khyentse Rinpoche

 
La práctica cotidiana del dzogchen consiste en cultivar simplemente una plena aceptación carente de preocupación y una apertura sin límite ante todas las circunstancias. Debemos comprender que la apertura es el campo de juego de las emociones y relacionarnos con nuestro prójimo sin artificialidad, manipulación ni estrategias.

Tenemos que experimentarlo todo completamente, sin tratar de escondernos dentro de nosotros mismos como la marmota que se oculta en su madriguera. Esta práctica libera una energía tremenda que, por lo general, se ve constreñida porque intentamos mantener puntos de referencia fijos. Los puntos de referencia son el proceso que utilizamos para alejarnos de la experiencia directa de la vida cotidiana.


Al principio, el intento de permanecer presentes en el momento puede provocar cierto temor. Pero, si damos la bienvenida a la sensación de temor con plena apertura, atravesaremos ese obstáculo creado por nuestras pautas emocionales habituales.


Cuando llevamos a cabo la práctica de descubrimiento del espacio, debemos experimentar un sentimiento de plena apertura hacia todo el universo. Tenemos que abrirnos con absoluta simplicidad y desnudez mental. Ésta es la poderosa aunque ordinaria práctica de dejar caer nuestra máscara de autoprotección.


En la meditación, no tenemos que establecer división alguna entre la percepción y el campo de percepción. No debemos parecernos al gato que acecha a un ratón. Debemos comprender que el objetivo de la meditación no es sumergirnos “profundamente” en nuestro interior ni retirarnos del mundo. La práctica es libre, carente de conceptos, sin introspección ni concentración.


El vasto espacio sin origen de la luminosa sabiduría espontánea es la base del ser y el principio y el final de la confusión. La presencia de la sabiduría en el estado primordial carece de predilección por la iluminación o la no-iluminación. La base del ser —también conocida como la mente pura original— es la fuente de la que emergen todos los fenómenos. También recibe el nombre de la Gran Madre, ya que es la matriz potencial donde todas las cosas aparecen y se disuelven en su perfección natural y espontaneidad absoluta.


Todos los fenómenos son completamente claros y lúcidos. El universo es apertura sin obstrucción. Todas las cosas están interpenetradas.


Para ver todas las cosas en su desnudez, con claridad y sin oscurecimientos, no hay nada que alcanzar o realizar. La naturaleza de los fenómenos aparece naturalmente y se halla espontáneamente presente en la conciencia que trasciende el tiempo. Todo es naturalmente perfecto tal como es. Todos los fenómenos emergen, de manera única, como parte de una pauta en continua transformación. Esa pauta vibra plena de sentido y significado a cada instante, pero no podemos apegarnos a su significado más allá del momento en que se presenta.


Ésta es la danza de los cinco elementos donde la materia es un símbolo de la energía, la energía un símbolo de la vacuidad y nosotros mismos un símbolo de nuestra propia iluminación. Sin necesidad de esfuerzo ni de práctica en absoluto, la liberación o la iluminación está ya con nosotros.


La práctica del dzogchen es la misma vida cotidiana. Puesto que no existe un estado inferior, no hay necesidad alguna de comportarse de un modo especial o ni de alcanzar nada por encima o más allá de lo que ya somos realmente. No debemos cultivar ningún sentimiento de esfuerzo por lograr alguna “meta extraordinaria” o un estado “superior”.


Esforzarse por alcanzar ese estado es una neurosis que sólo nos condiciona más y obstruye el libre flujo de la mente. También debemos evitar pensar en nosotros mismos como personas carentes de valor, puesto que nuestra verdadera naturaleza es naturalmente libre y no condicionada. Estamos intrínsecamente iluminados y, en consecuencia, no carecemos de nada.


Cuando abordamos la práctica de la meditación, tenemos que hacerlo de manera tan natural como comer, respirar o defecar. No tenemos que convertirla en un acontecimiento especial o formal, lleno de seriedad y solemnidad. Debemos comprender que la meditación está más allá del esfuerzo, la práctica, los objetivos, las metas y la dualidad entre liberación y no-liberación. Nuestra meditación siempre es perfecta. No hay necesidad alguna de corregir nada. Puesto que todo lo que surge es el juego de mente, no existe la meditación incorrecta, ni necesidad alguna de juzgar los pensamientos como buenos o malos respectivamente.


Por lo tanto, debemos sentarnos simplemente, permaneciendo sencillamente en nuestro propio lugar y en nuestra propia condición tal cual es, sin pensar que estamos “meditando”. Nuestra práctica debe carecer de esfuerzo, de tensión, de cualquier intento de control o manipulación para intentar que sea más “apacible”.


Si descubrimos que estamos alterándonos del modo antes descrito, sencillamente dejamos de meditar y descansamos y nos relajamos un rato. Luego, reanudamos nuestra meditación. Si tenemos “experiencias interesantes” durante la meditación o después de ella, debemos evitar convertirlas en algo especial. Perder el tiempo pensando en esa clase de experiencias es una mera distracción y un modo infalible de perder la naturalidad. Esas experiencias sólo son signos de la práctica y deben ser consideradas como eventos pasajeros. No debemos intentar repetirlas porque eso sólo sirve para distorsionar la espontaneidad natural de la mente.


Todos los fenómenos son atemporales y completamente nuevos o frescos, absolutamente únicos y completamente libres de los conceptos de pasado, presente y futuro.


El continuo flujo de nuevos descubrimientos, revelaciones e inspiraciones que emerge a cada momento es la manifestación de nuestra propia claridad. Debemos aprender a ver nuestra vida cotidiana como un mandala o como el ornamento luminoso de las experiencias que irradian espontáneamente de la naturaleza vacía de nuestro ser. Los elementos que forman nuestro mandala son los objetos cotidianos de nuestra experiencia moviéndose en la danza o el juego del universo. Gracias a ese simbolismo, el maestro interior revela el significado profundo y último del ser. Por lo tanto, debemos ser naturales y espontáneos, aceptándolo todo y aprendiendo de todo. Eso nos permitirá percibir el lado irónico y divertido de muchos acontecimientos que, por lo general, nos irritan.


La meditación nos permite ver a través de la ilusión del pasado, el presente y el futuro, con lo que nuestra experiencia deviene la continuidad del ahora. El pasado sólo es un recuerdo poco fiable sostenido en el presente. El futuro sólo es la proyección de nuestras concepciones presentes. El presente mismo se desvanece tan pronto como tratamos de asirlo. Entonces, ¿por qué molestarnos en tratar de dar consistencia a la ilusión?


Tenemos que liberarnos de nuestros recuerdos y de todos los prejuicios acerca de qué es la meditación. Cada instante de meditación es completamente único y pleno de potencialidad. En ese momento, no podemos juzgar nuestra meditación en términos de experiencia pasada ni de secas teorías o retóricas vacías.


La mera inmersión en la meditación en el momento presente, con todo nuestro ser, libres de dudas, aburrimiento y excitación, es la iluminación.

domingo, 10 de junio de 2012

Pensamiento


¿Pensamos o sólo observamos el proceso forzadamente?

Algunos dicen que influimos sobre el pensar, o que al pensar "elegimos".

¿pero en base a qué se realizaría tal elección?

Si decimos que en base a las memorias, experiencias y conocimientos pasados, y en base a las tendencias innatas/genéticas, nada de eso fue elegido.

Por otro lado, como dijo el filósofo Hume, si la elección no se basaría en el pasado y los conocimientos, sería azaroza. Y el azar no equivale a libertad.

"Todo el pensamiento es una reacción a una entrada de datos que no elegimos, que interactuan con memorias que no controlamos".

¿Pensamos, o solo observamos el proceso?

La impermanencia, por Sogyal Rimpoche

Citado de: Sogyal Rimpoche, "El libro tibetano de la vida y la muerte"


La impermanencia
 
Para empezar a privar a la muerte de su mayor ventaja sobre nosotros, adoptemos una actitud del todo opuesta a la común; privemos a la muerte de su extrañeza, frecuentémosla, acostumbrémonos a ella; no tengamos nada más presente en nuestros pensamientos que la muerte. No sabemos dónde nos espera la muerte: así pues, esperémosla en todas partes. Practicar la muerte es practicar la libertad. El hombre que ha aprendido a morir ha desaprendido a ser esclavo.
Montaigne
 
¿Por qué exactamente nos asusta tanto la muerte que nos negamos en redondo a contemplarla? Dentro de nosotros, en lo más hondo, sabemos que no podremos evitar eternamente enfrentarnos a la muerte. Cuanto más tardamos en afrontar la muerte, cuanto más la borramos de nuestros pensamientos, mayores son el miedo y la inseguridad que se acumulan.
La muerte es un enorme misterio, pero de ella se pueden decir dos cosas: es absolutamente cierto que moriremos, y es incierto cuando y cómo moriremos. Entonces, si es incierto el momento en que llegará, ¿por qué postergar el afrontarla directamente en forma reflexiva?
Quizá la razón más profunda de que temamos a la muerte es que ignoramos quiénes somos. Creemos en una identidad personal, única e independiente, pero, si nos atrevemos a examinarla, comprobamos que esa identidad depende por completo de una interminable colección de cosas que la sostienen: nuestro nombre, nuestra "biografía", nuestra profesión, nuestra familia, amigos, etc... Es de este frágil y efímero sostén de lo que depende nuestra seguridad. Así que, cuando se nos quite todo eso, ¿tendremos idea de quiénes somos en realidad?
Sin nuestras propiedades conocidas, quedamos cara a cara con nosotros mismos: una persona a la que no conocemos, un extraño inquietante con quien hemos vivido siempre pero al que en el fondo nunca hemos querido tratar. ¿Acaso no es ese el motivo de que tratemos de llenar cada instante de ruido y actividad, por aburrida y trivial que sea, para evitar quedarnos a solas con ese desconocido?
Este mundo puede parecer maravillosamente convincente hasta que la muerte nos destruye la ilusión y nos saca de nuestro escondite. ¿Qué será entonces de nosotros si no tenemos la menor idea de una realidad más profunda?
Cuando muramos lo dejaremos todo atrás, sobre todo este cuerpo al que tanto hemos apreciado. Pero la mente no es más fiable que el cuerpo. Fíjense unos minutos en su mente. Comprobarán que es como una pulga, que no cesa de saltar de un lado a otro. Verán que los pensamientos surgen sin ningún motivo, sin ninguna relación. Arrastrados por el caos de cada instante, somos víctimas de la volubilidad de nuestra mente. Si éste es el único estado consciente con el que estamos familiarizados, confiar en nuestra mente en el momento de la muerte es una apuesta absurda.
Sin embargo, si nuestro deseo más profundo es vivir y seguir viviendo, ¿por qué insistimos ciegamente en que la muerte es el fin? ¿Por qué no intentamos al menos explorar la posibilidad de que exista una vida más allá? ¿Por qué, si somos tan pragmáticos como pretendemos, no empezamos a preguntarnos seriamente dónde está nuestro futuro real? Después de todo, nadie vive más de cien años. Y después de eso se extiende toda la eternidad, sin ser tenida en cuenta...


La muerte en el mundo moderno

Una de las mayores sorpresas con las que se encuentra un maestro budista al llegar a Occidente es el contraste entre las actitudes hacia la muerte.
A pesar de los grandes éxitos tecnológicos, la sociedad occidental en la que nos hemos criado, carece de una verdadera comprensión de la muerte.
Desde pequeños se nos enseña a negar la muerte. Se nos enseña que no significa otra cosa que una terrible pérdida. Esto nos lleva a vivir día tras día, o bien negando la muerte o aterrorizados por ella. Muchos hasta llegan a pensar que hablar sobre la muerte es algo morboso, e innecesario.
Otra actitud bastante habitual es la de contemplarla con buen humor, de una manera ingenua e irreflexiva, pensando que, por alguna causa desconocida, la muerte les irá bien y que no hay de qué preocuparse. Total, morirse es algo que le pasa a todo el mundo; no es nada grave, es un hecho natural. Esa es una teoría muy bonita hasta que llega el momento de la muerte.
Estas dos actitudes hacia la muerte, una que la considera algo de lo cual hay que escabullirse y la otra que la considera como algo que se resolverá por sí solo, ambas están lejos de comprender la verdadera importancia de la reflexión sobre la muerte.
La muerte no es deprimente ni emocionante, es sencillamente un hecho de la vida. Según la sabiduría de Buda, podemos utilizar nuestra vida para prepararnos para la muerte. No tenemos que esperar a que la dolorosa muerte de un ser querido nos obligue a examinar nuestra vida. Tampoco estamos condenados a ir a la muerte con las manos vacías, al encuentro de lo desconocido. Podemos empezar aquí y ahora a encontrarle un sentido a nuestra vida.
Nuestra exploración empieza necesariamente con una reflexión directa sobre el significado de la muerte y las múltiples facetas de la verdad de la impermanencia. La contemplación profunda del mensaje secreto de la impermanencia nos lleva directamente al corazón de las antiguas y profundas enseñanzas tibetanas: la introducción a la "naturaleza esencial de la mente", nuestra esencia íntima, esa verdad que todos buscamos. Comprenderla es la clave para comprender la vida y la muerte; porque lo que ocurre en el momento de morir es que la mente ordinaria y sus conceptos ilusorios mueren, y en ese espacio que se abre se revela, ilimitada como el cielo, la naturaleza de nuestra mente. Esta naturaleza esencial de la mente es el telón de fondo de toda la vida y la muerte, como el cielo, que abarca a todo el universo en su abrazo.
Las enseñanzas dejan claro que, si todo lo que conocemos de la mente es ese aspecto de ella que se disuelve al morir, quedaremos sin tener ninguna idea de lo que sigue, ningún conocimiento de esa nueva dimensión de la realidad más profunda de la naturaleza de la mente. Así pues, es esencial que nos familiaricemos con la naturaleza de la mente cuando aún estamos vivos. Sólo entonces estaremos preparados cuando se revele espontánea y poderosamente en el instante de la muerte.
La descripción de la naturaleza de la mente conduce naturalmente a una instrucción completa sobre la meditación, ya que la meditación es el único medio por el que podemos desvelar repetidamente y poco a poco comprender y estabilizar esa naturaleza de la mente.

sábado, 21 de abril de 2012

Richard Rose



Richard Rose (14 de Marzo, 1917 - 6 de Julio, 2005) fue un místico estadounidense, esoterista, filósofo, autor, poeta e investigador de los fenómenos paranormales. Publicó varios libros y dio conferencias en universidades y otras instituciones a lo largo de los Estados unidos durante los años '70 y '80. Rose desarrolló un sistema que el describió como "el alejamiento de la falsedad" ("retreat from untruth"), el cual implicaba el examen de los sistemas personales de creencias y estilos de vida. En este sistema se descarta lo que uno descubre como falso en base a un análisis de caso por caso. Él creía que una Verdad Absoluta existe y puede ser encontrada por una persona con suficiente dedicación y esfuerzo, y recomendaba una aproximación escéptica. Estudió la psicología humana, las debilidades y potenciales humanas, y luego escribió sobre desafíos a la psicología, psiquiatría, religión, academia, el sistema legal y el movimiento New Age. Sus críticas incluyen cuestiones de pensamiento de grupo, dogmatismo, cuestiones financieras, atracciones basadas en la emotividad, y la dependencia y confianza en autoridades cuestionables. 


Biografía
Richard Rose nació en Benwood, West Virginia, Estados Unidos. Ingresó en un pre-seminario católico en Butler, Pennsylvania a los 12 años. Más tarde el contaría sobre su deleite ante la idea de vivir con monjes y monjas quienes él creía que tenían una conexión con Dios. Sin embargo el se desilusionó con los instructores y con su insistencia en que aceptara lo que le enseñaran con fe ciega. Abandonó el seminario a los 17 años, todavía continuaba buscando a Dios pero habiendo decidido hacerlo a través de la ciencia. Luego estudió química y física en la Universidad pero se desilusionó con la idea de que fuese posible hallar a Dios o la Verdad a través de la ciencia. Luego viajó por los Estados Unido, y realizó una serie de trabajos tales como empleado en el primer submarino nuclear en Babcock & Wilcox en Alliance, Ohio, en estudios de la estreptomicina en el National Jewish Medical & Research Center en Denver, y realizando testeos metalúrgicos para Martin Aircraft en Baltimore. Mientras vivía en Baltimore, su hermano mayor James murió en un barco de la Marina Mercante cuando recibió un torpedo de un U-boot alemán. Su muerte causó en un gran shock en Richard, quien contrastó la actitud altruista de su hermano con su propio ego espiritual. En la primavera de 1947 Rose estaba trabajando como mozo en un club de tenis en Seattle cuando experimentó lo que el describió como "Entendimiento de Dios" ("God Realization"). Varios meses después, escribió una descripción de lo que había experimentado en "Los Tres Libros del Absoluto".
Algunos años más tarde se casó y formó una familia. Mantuvo a su familia trabajando como contratista de pintores y criando ganado en la granja familiar. Trabajó con gente que estaba interesada en los fenómenos parapsicológicos tales como la percepción extra sensorial y la hipnosis, pero dijo que durante este tiempo nunca se cruzó con nadie que estuviese trabajando para lograr responder las preguntas sobre la naturaleza de la mente y la realidad. En este periodo completó su primer libro, "Los Artículos Albigen" (“The Albigen Papers”), publicados en 1973, describiendo su filosofía. En 1972 rose fue invitado a dar una conferencia en la Sociedad Teosófica en Pittsburgh. Dos estudiantes de la Universidad de Pittsburgh asistieron, y se sintieron inspirados a iniciar un grupo en la universidad para aplicar las enseñanzas de Rose. En 1973, Rose y algunos de sus estudiantes iniciaron la Fundación TAT — "un círculo de amigos sin cabeza" — para promover sus esfuerzos para llegar a otros. El acrónimo TAT significaba "Truth and Transmission." (Verdad y Transmisión)  El grupo de Pittsburgh engendró grupos en otras universidades del noreste de EE.UU. e incluso algunos en el oeste (Denver y Los Ángeles). Rose hizo disponible su granja para reuniones grupales y retiros individuales, y los estudiantes construyeron dos grandes edificios para las reuniones y también cabinas para el uso individual. En las siguientes dos décadas, cientos de personas fueron inspiradas a iniciar sus propias búsquedas espirituales. Rose continuó escribiendo y publicando mientras sus grupos de estudio se expandían. Continuo dando conferencias públicas hasta los inicios de los años noventa, cuando empezó a tener signos de deterioro por la enfermedad de Alzheimer.
 

Enseñanzas

El estudiante de Rose, David Gold, describió su trabajo como esotérico  y directo Rose decidió no establecer un movimiento popular de estudiantes, prefiriendo a cambio una red sub-rosa de estudiantes cercanos, quienes luego llegaron hacia un círculo más amplio, que incluyó al autor Joseph Chilton Pearce. Sus enseñanzas se basaron en una vida de experiencias e investigaciones, y en particular en la experiencia que tuvo a los treinta años. Joseph Chilton Pearce lo describió así, "Rose es un nativo de West Virginia que no se dedica a pavadas y que no quiere en la vida nada más que de algún modo transmitir la experiencia espiritual cataclísmica, la Iluminación que lo sorprendió cuando era un hombre joven." 

Principios

Su estudiante John Kent consideraba que las enseñanzas de Rose eran difíciles de describir, porque Rose subrayaba un trabajo interno inherentemente subjetivo e intimo para pada individuo. Se trataban más acerca de seguir las introspecciones e insights personales que un conjunto de técnicas específicas. De todos modos, de acuerdo a Kent, Rose formuló un sistema de enseñanzas basado en su estudio de otras tradiciones y sus propios insights. Kent planteó que las preguntas centrales en las que se centraban las enseñanzas son las siguientes:
  1. ¿Quién soy yo (en última instancia)?
  2. ¿De dónde vengo (de antes del nacimiento)?
  3. ¿Hacia dónde voy (tras la muerte)?
Rose recomendaba una investigación profunda de "quién" está viviendo y experimentando: lograr una definición clara de sí mismo y del ego. También insistía en que la vida de actividad carece de sentido mientras la identidad del actor sea desconocida. Pensaba que aproximarse a la espiritualidad como un medio para hallar paz o mejorar la propia vida, lo cual él llamó un acercamiento "utilitario," era una tontería. En cambio abogaba por una dedicación total a la búsqueda de la verdad — en particular la concerniente a nuestro ser y ego — a pesar de las consecuencias personales. Usaba el término "Jacob's Ladder" (la Escalera de Jacob) (imagen) como una especie de mapa transpersonal. En base a eso, luego usaba los términos "Ley de la Escalera" y "Ladder Work" ("trabajo de escalera") para describir diferentes niveles que el observó entre las personas en búsqueda de la verdad. También creía que alguien puede ayudar efectivamente a otros y ser ayudado por otros que estén en el mismo escalón de la escalera o en uno adyacente. Consideraba que se obtenían "resultados extra-proporcionales" cuando un grupo de gente combina sus esfuerzos en cualquier emprendimiento, lo cual él llamó "La Ley del Contratista". Rose advertía en contra de postular lo que la verdad — con respecto al sí mismo y el ego — debe ser y luego intentar avanzar hacia ello. En cambio uno tiene que ir removiendo y abandonando malentendidos. Su definición de verdad era "una condición de la cual toda lo falso ha sido removido." Usaba la frase "alejamiento del error" y "revertir el vector" para describir el proceso de alejarse de lo que es más obviamente falso, lo que él llamaba "basura," proceso el cual aclararía el pensamiento y la intuición hasta un punto en el cual falsedades más sutiles puedan ser evaluadas. Publicó The Albigen Papers en 1973, el cuál llamó “una guía para buscadores.” Sus teorías acerca de la transmutación de la energía, desde el cuerpo a través de la mente hasta lo que él llamaba el "quantum espiritual," fueron publicadas después y eran similares a algunas teorías recientes que describen la mente como un campo de fuerza. Rose escribió un panfleto sobre un método de meditación que proponía la revisión desapasionada de eventos pasados traumáticos como un medio para superar problemas psicológicos y entender al ego. Su libro Psicología del Observador encapsuló sus opiniones respecto a la estructura de los procesos mentales y lo que él describía como el ascenso interno desde cosmovisión personal y llena de conflictos hacia una perspectiva más universal. Rose fue un hipnotista, ocasionalmente hacía demostraciones, y decía que entender la hipnosis brindaba una llave para entender los mecanismos de la mente. Su criticismo de los movimientos espirituales y New Age a menudo incluían referencias al uso que hacen de métodos auto-hipnóticos. 


Estudios que Recomendaba

Su estudiante John Kent describió la culminación de la filosofía de Rose como correspondiendo "muy de cerca al no-dualismo del Advaita Vedanta". Pero Kent también escribe que más que presentar una estructura conceptual o una práctica específica sobre la cual sus enseñanzas puedan basarse Rose en cambio abogaba por la inmersión personal en los métodos disponibles y prácticas religiosas existentes manteniendo y aplicando siempre lo que él denominaba "duda respetuosa." En consecuencia, sus seguidores obtuvieron entendimiento de un amplio número de grupos esotéricos y métodos, los cuales pudieron compartir entre ellos. Rose también creía que el progreso en el propio camino espiritual estaba asociado a los propios esfuerzos para ayudar a otros. Rose recomendaba leer ciertos autores a sus estudiantes y desacreditaba a otros autores, en base a sus investigaciones. Aquellos a los que más marcadamente recomendaba eran el gurú indio Ramana Maharshi, el maestro Chan Huang Po, los místicos cristianos San Juan de la Cruz y Teresa de Avila, George Gurdjieff, y los investigadores Paul Brunton y Richard Bucke. En Albigen Papers describió los libros deH.P. Blavatsky como "unos de los más valiosos que un estudiante puede poseer," y en su publicación de Escritos Profundos de Oriente y Occidente, llamó a su texto El Libro de los Preceptos Dorados (también La Voz del Silencio) "una guía condensada hacia las enseñanzas más profundas de la humanidad." Rose recomendaba el estudio de lo que él llamaba leyes taumatúrgicas como un medio para protegerse a uno mismo de influencias invisibles, para cualquiera que planee explorar las dimensiones de la conciencia ("the mind dimension"), refiriéndose a textos de Eliphas Levi y otros. 


Estilo de Enseñanza y Métodos

De acuerdo a Kent, Rose recomendaba un compromiso muy personal, similarmente a Gurdjieff y desalentaba el compromiso casual. Los aspectos de su estilo que desacreditaban el compromiso casual incluían: un método de confrontación similar al Zen, que recomendaba un estilo de vida célibe, y fuertes criticismos a lo que el describía como vacas sagradas políticas y sociales. En sus interacciones personales el trataba de disipar ilusiones y falsedades que los estudiantes estuviesen escondiendo de sí mismos. Esta agudeza causó que sus alumnos lo llamasen maestro Zen, a pesar de que él fuese altamente crítico de lo que llamaba el Zen de moda. De hecho, el primer grupo establecido por Rose se llamó Grupo de Estudio Zen, en Pittsburgh, reflejando su aceptación de los métodos del Zen, y otros grupos fueron llamados Sociedad Zen Pirámide (Pyramid Zen Society), en reconocimiento de que aquellos interesados en un compromiso total serían pocos (la parte superior de la pirámide) como es explicado en varias conferencias que fueron grabadas. Pensaba que requerir a los estudiantes que tengan determinación produciría un grupo más comprometido de pensadores e investigadores. Rose dio una serie de conferencias en los 1970s las cuales resumían su aproximación al Zen e incorporaban el término Zen en el título: La Psicología del Zen; Zen y el Sentido Común; Zen y la Muerte; etc. Varias de ellas han sido transcriptas de cintas de audio y publicadas. Rose tenía gran estima por Alfred Pulyan, un maestro Zen de Connecticut, quién le dio un método de Transmisión mencionado en la literatura Zen. Rose escribió una guía para los líderes de grupos locales, The Monitor Papers, actualmente no publicada, en la cual daba instrucciones acerca de cómo crear rapport, lo cual en su perspectiva es un precursor a la Transmisión, y publicó también Energy Transmutation, Between-ness and Transmission en 1975. Partiendo de sus investigaciones del espiritualismo, en sus primeras lecturas a menudo relataba sus hallazgos acerca de los fenómenos paranormales. 

Influencia

Rose trabajó de cerca con grupos, comenzando con estudiantes universitarios y profesionales, principalmente en el noroeste de Estados Unidos (por ejemplo, Pennsylvania, Ohio, Massachusetts, Maryland, West Virginia). Con el correr del tiempo, a medida que los estudiantes se graduaban e iniciaban vidas de profesionales, se establecieron grupos en Colorado, California, North Carolina, Florida, y Maine. Después de que fue hospitalizado con Alzheimer's a mediados de los 1990s, varias de las organizaciones se suspendieron, pero algunas continuaron, notablemente el Self-Knowledge Symposium en universidades de North Carolina. Sus seguidores creen que él nunca buscó una popularidad extendida. Los miembros de la Fundación TAT, la actual organización nuclear, están dispersos geográficamente. La gente puede asistir a grupos de estudio sin convertirse en miembros de la fundación TAT. 


Publicaciones
  • Albigen Papers, 1973, 1978
  • Energy Transmutation, Between-ness and Transmission, 1975 
  • Psychology of the Observer, 1979, 2001
  • Meditation, 1981 Pyramid Press
  • Carillon: Poems, Essays & Philosophy, 1982
  • The Direct-Mind Experience, 1985 
  • Profound Writings, East & West, 1988
  • "The Three Books of the Absolute" appears in The Albigen Papers and in Profound Writings, East & West.